Tómeselo sin prisa, porque este es un destino que ni te sale al paso ni permanece a tu alcance en cualquier época del año. O lo disfrutas fruto del azar o es la consecuencia de una búsqueda premeditada, meticulosa. Como las cosas buenas de la vida.

Los jardines de Annevoie se esconden a mitad de camino de Dinant y Namur, en la parte valona de Bélgica. Están abiertos de abril a noviembre y bien merecen que los anote desde este momento como destino para sus viajes de 2017. Puede disfrutarlos por 8 euros y durante todo el tiempo que quiera.

El precio de la entrada es un auténtico chollo si tenemos en cuenta que su nuevo e ilusionado dueño va a desembolsar, según dicen, 3,6 millones de euros para hacerse con la gestión de esta fastuosa finca de 48 hectáreas y su castillo. Si la operación cuaja, las autoridades valonas de la SOGEPA deberán formalizarlo todo a finales de año con Ernest-Tom Loumaye, un ginecólogo belga que ha hecho fortuna durante los últimos veinte años en Suiza. Sucederá así al promotor Stéphan Jourdain, que tiene otras cosas (incluso judiciales) en que pensar tras ser el propietario desde el año 2000. Hasta aquí, los cotilleos turístico-empresariales.

¿Qué opinaría de todo esto Charles Alexis de Montpellier, el iniciador en 1758 de toda esta maravilla que tenemos ante los ojos? Acostumbrado al rigor intelectual de sus orígenes franceses, reflejados en la férrea simetría de la parte más antigua de los jardines, seguro que se removería, incómodo.

Lo más singular de Annevoie, digámoslo ya, es que todos los juegos de agua se consiguen con la única ayuda de la fuerza de la gravedad, las leyes de la física y el ingenio humano. Ningún mecanismo, ningún motor, ninguna bomba de aspersión. El agua captada desde los manantiales de la zona mantiene lleno el gran canal que con sus 400 metros de longitud preside toda la finca desde un pequeño promontorio. 

A partir de ahí, el siguiente regalo que nos hace Annevoie es la unión en un mismo recinto de jardines de estilo francés, italiano e inglés. 

Y por último y más fundamental: de la unión del agua y el paisaje se consigue un recinto por el que pasear escuchando el silencio. Para hacernoslo notar ayuda el rumor del agua, de las fuentes o de las cascadas. ¿Un paraíso por 8,20 euros? Ese es el precio anunciado para la próxima temporada. Usted decide.

Si no cree lo que aquí se escribe, siempre puede recorrer el medio centenar de fotografías de la extensa galería gráfica que acompaña este reportaje. No hay truco: el agua se abre en abanicos, o se dispara hasta más de 7 metros de altura, se precipita mansa e incesante por cascadas que imitan a la naturaleza, o juegan a puntear el césped en un "buffet d'eau" insólito no sólo en Bélgica sino cualquier otro país de Europa.

El castillo, al que hoy por hoy no es posible acceder, marca el centro de todo en estos magníficos jardines de Annevoie. Nuestros pasos nos encaminan hasta el estanque al que se asoma la parte trasera del gran edificio, pero es que el propio castillo está también el punto de inflexión: lo que hasta entonces es pura fantasía escenográfica y delirio del agua, pasa a ser un recorrido mucho más íntimo. Déjese enamorar con su pareja, incluso si lo tenía medio olvidado.

Los recodos que forman estos parterres de nombres tan evocadores ("Le bassin de Artichaut", "L'allée des soupirs", "La fontaine de l'amour", "La salon du sanglier", "Le cabinet de Minerve", "Le rocher de Neptune"… tienen su sentido. Y su tiempo, que no debería acelerarse en ningún caso. Déjese llevar. Aquí lo único que está prohibido es el estrés.

Como si Cenicienta hubiera estado por aquí, después de una de sus noches locas en las que las cucurbitáceas se transformaban en carros (¿sin LSD?) una enorme calabaza nos saluda en un extremo del "potager", el huerto de la finca, bien pertrechado también de verduras y plantas aromáticas. Al otro lado del muro, de vez en cuando, el rumor de un coche nos recuerda que hay un mundo más real, menos mágico, más cotidiano… del que, a fin de cuentas, provenimos.

Como consuelo final, sugerimos al visitante que aproveche el restaurante "L'Orangerie" para comer y, también, recapacitar acerca de todo lo disfrutado. Almorzar en la terraza, con vistas a los jardines, es un doble placer. Hacerlo, además, en buena compañía, le asegurará algo muy parecido a la felicidad. En Annevoie, cerca de Dinant, camino de Namur, en Valonia, en Bélgica, en la Europa que no termina de saber qué hacer con un siglo que ya lleva andados 16 años…

Quizá por eso sea tan reconfortante empaparse de una historia que empezó en 1758 y que todavía nos conmueve entre silencios, con el murmullo del agua.
 


Datos útiles

Les Jardins d’Annevoie
Rue des jardins, 37 a
5537 Annevoie – Belgique
Tél : +32 (0)82 67 97 97
Fax : +32 (0)82 61 47 47
info@annevoie.be

Abren a las 9,30 de la mañana y cierra a las 5,30 de la tarde (en un julio y agosto, se prolonga una hora más)

Las visitas guiadas, de una hora de duración, se hacen con reserva previa y en francés, flamenco, inglés y alemán. En taquilla entregan un muy documentado folleto en español, más que suficiente para realizar la visita a nuestro aire.
 


 

Para más información:

Oficina de Turismo de Bélgica: Bruselas y Valonia (www.belgica-turismo.es)