Oudenaarde es una pequeña ciudad flamenca, con un ayuntamiento tan deslumbrante como pueda serlo el de Bruselas o el de Lovaina… pues no en vano son obra del mismo arquitecto. Con sus 30.000 habitantes y con tantos destinos de "obligado cumplimiento" como hay que visitar en Flandes, no extraña que sean más los españoles que la ignoran que quienes la disfrutan. Allá ellos. Usted, que ya sólo por ser lector de IDEAS PARA VIAJAR tiene acreditada su inteligencia y sensibilidad, no dude en marcarlo como tarea pendiente, pero sin demoras.
 

Plaza de Oudenaarde desde el Ayuntamiento. (Foto: A. González)
Plaza de Oudenaarde desde el Ayuntamiento. (Foto: A. González)

 
No es necesario que corra, ciertamente, pero tampoco se despiste, puesto que tiene a su alcance un atractivo añadido e irrepetible que no le defraudará: la magnífica exposicion antológica sobre Adriaen Brouwer. LA CRÓNICA fue uno de los seleccionados medios internacionales que asistió, el pasado 13 de septiembre, a la presentación a la Prensa europea de este singular proyecto.
 
Eclipsado en nuestros días por otros artistas de su tiempo, lo cierto es que nuestro desconocimiento de Brouwer es sólo equiparable a la admiración que despertó entre sus contemporáneos, muy especialmente en Rubens. Pero le tocó coincidir no sólo con Pedro Pablo, sino también con Van Dyck.

Desde hace décadas, a sus paisanos se les conoce más por la cerveza que lleva su nombre o por los tartas típicas "Adriaen Brouwer". Ahora él, a quien nunca le sobró el dinero y anduvo entre quienes tampoco lo disfrutaban, ha sentado plaza por unos meses en el edificio del Ayuntamiento, que fue residencia de los todopoderosos duques de Borgoña
 
De Brouwer sólo se conocen 67 obras,  casi todas de pequeño formato. Ningún retrato (si exceptuamos el de su casero, bastante peculiar). Ninguna obra de tema religioso. Era, esencialmente, un hombre libre aun estando atado a la necesidad de comer todos los días e intentarlo con sus pinceles, siempre que un cliente pagara lo necesario. La fortuna fue esquiva con él, como demuestran las muchas deudas que dejó en Amberes; su padre, que pintaba cartones para la floreciente industria de tapices local, terminó emigrando a Gouda y con él y sus penurias, toda la familia.
 
De su paleta salieron, como instantáneas, una oleada de escenas populares. Unas, desenfadadas hasta provocar la sonrisa del espectador; otras, con mordaces alusiones moralizantes; muchas, reflejando la fauna tabernaria que, eso es sí que es seguro, conocía y frecuentaba.
 
La obra de Brouwer encierra una paradoja decisiva: alcanzó un éxito cierto entre los burgueses de su entorno, que gustaban de tener colgada (al menos en su pared) a esa gente de mal vivir a la que miraban desde su superioridad de clase.Y sin embargo, Adriaen termina por dignificarlos más allá incluso de lo que él quizá nunca llegó a pensar. Bajo el retrato de la chusma hay más cariño que burla o sarcasmo.

El "nuevo Brueghel", como entonces y ahora muchos le han querido ver, abría nuevos caminos desde otras miradas y con otros planteamientos técnicos. Desde unos ojos españoles, acostumbrados como estamos a los fondos del Museo del Prado, con Brouwer apreciamos una línea satírica que le entronca con El Bosco y un desgarro que se hace grotesco, como en el Goya de las pinturas negras. Hay un gran similitud en las pinceladas, de rotundidad salvaje unas y otras, a pesar de la diferencia abismal de formatos y soportes.

Una obra dispersa y aquí recuperada
Brouwer pintó siempre cuadros de muy reducidas dimensiones, que han terminado diseminados por el mundo. La casi treintena aquí recopilada se nutre de colecciones alemanas, suizas, francesas, americanas…

Con acierto expositivo, se acompañan de magníficas obras contemporáneas a él vinculadas: unas, porque el original de Brouwer sirvió de ejemplo en el motivo y en la composición; otras, porque sirven para enmarcar en su momento histórico la genialidad del pintor de Oudenaarde.

Un pintor gamberro, un juerguista redomado

​ Brouwer retrató infinidad de escenas populares. (Foto: A. González) ​
Brouwer pintó innumerables escenas populares.
(Foto: A. González)

Si la pintura libérrima de Brouwer no bastase para amarle, su vida corta pero intensa nos debería arrebatar. Nacido en una familia sometida a reiterados apuros económicos, transitó entre las provincias del sur y del norte con la misma facilidad que por las tabernas de las ciudades en las que vivió.

Ese ir y venir de tugurio en tugurio le sirvió, además, para poner a prueba su capacidad para la fisonómica, la pseudociencia que entonces había arraigado en toda Europa, aplicando condiciones de carácter a los diferentes rasgos de los rostros humanos. Empezando por él mismo, pues no faltan los autorretratos, así como el de sus amigos.

No es imaginable que Brouwer supiera que iba a morir joven, a los 34 años, posiblemente por la peste. Pero sólo así tendría explicación una evolución pictórica tan intensa como la que vivió en tan corto período. En los últimos años pintó esencialmente paisajes… esencialmente adquiridos por Rubens, que le protegió y al que también alumbró nuevas ideas. Beneficio para ambos. Cuando Brouwer falleció, en enero de 1638, fue a parar a una fosa común. Rubens se ocupó de mandar recuperar el cadáver un mes más tarde y lo hizo enterrar en un convento de Amberes. 

Arte dentro de arte
El Museo de Oudenaarde y las Ardenas Flamencas (MOU), ocupa lo que fue lonja de paños dentro del conjunto monumental que cierra la plaza por uno de sus lados. Por eso, no extraña pero sí se agradece que en la primera planta puedan admirarse 15 maravillosos tapices, que nos hacen recordar a Carlos V y a su bastarda, Margarita de Parma.

Pero de eso y más ya hablaremos y escribiremos en otro momento.

Hoy es la hora de deleitarnos con el viejo Adriaen, felizmente recobrado… y de preparar los billetes para asomarnos con nuestros propios ojos a una exposición irrepetible.
 

La exposición de Brouwer aprovecha con medida los recursos multimedia. (Foto: A. González)
La exposición de Brouwer aprovecha con medida los recursos multimedia.
(Foto: A. González)


 

Exposición
"Adriaen Brouwer,
maestro de emociones"

MOU Museum, Oudenaarde

Del 15 de septiembre al 16 de diciembre de 2018

Entrada sencilla + audioguía: 12 euros.

Es accesible para personas con discpacidad.

Más información: www.adriaenbrouwer.be
 


Más información sobre Oudenaarde:
www.flandes.net

Punto de información
Markt , 9700 Oudenaarde Tel.: +32 55 31 72 51