Dada nuestra historia, a los españoles se nos supone un proceso natural de desafección de nuestra patria, que se desarrolla de manera irregular a lo largo de la vida y con resultados diversos.

Algunos, reniegan de España para abrazar otra nación, real o inventada; otros, mantienen en pie un patriotismo en apariencia incólume, pero teñido de folclore; los más, se refugian en la república independiente de su casa para ir pasando el trago de aspirar a ser uno mismo y, al mismo tiempo, hijos putativos de siglos de sudor, guerras, miseria y compañía.

Ángel Vergara empezó a dejar de ser español a los seis años, con una precocidad que no tenía nada de consciente.

Nacido en Mieres, sus padres emigraron a Bélgica y se lo llevaron para allá cuando era un guaje, un proyecto de asturiano a medio hacer.

Nacido en 1958, el tiempo terminó por hacerle uno de los artistas belgas más reconocidos y reconocibles, hasta el extremo de representar a ese país en una Bienal de Venecia.

Hasta el 16 de diciembre de 2018 es posible encontrárselo en obra mortal en el crucero de la iglesia de Nuestra Señora de Pamele, en la pequeña ciudad flamenca de Oudenaarde. Todo el interior del templo es un frenesí de arte contemporáneo, lo cual implica que no es ni apto ni para todos los viajeros ni para todos los gustos, especialmente los criados en el catolicismo al modo español.

Al hilo de la antológica de Adriaen Brower que ya comentamos en IDEAS PARA VIAJAR, las autoridades locales han dado un vuelta de tuerca más a la mezcla de arte y espíritu gamberro que identificaba ya a ese pintor en el siglo XVII para reunir a un buen número de creadores contemporáneos. Bajo el criterio del comisario Jaen Hoet jr. se despliega el sarcasmo multicolor y multisoporte por las naves del templo católico.

Y allí, en el crucero de la Epístola, el multimedia de Ángel Vergara. Uno de los nuestros, podríamos pensar, aunque sea más bien muy suyo y muy de ellos.

Llegados a ese punto, el mayor esfuerzo de este viajero no es otro sino entender cómo el episcopado es tan generoso como para ceder el recinto con este fin, ya que no parece desacralizado. A partir de ahí, algún lugareño amable intenta explicar que las iglesias en Bélgica son del Estado desde Napoleón, que hay un organismo "ad hoc" para administrar los inmuebles en acuerdo con la Iglesia Católica. Y que los curas son funcionarios, según enfatizan, aunque quedan pocos y cada vez son menos, como ocurre con los feligreses.

Dios parece haberse tomado unas vacaciones, quiza en vuelo low cost, buscando lugares más soleados, más al sur.

Por aquí, en las tierras del norte, las cosas han cambiado desde aquel siglo en que según soplara el olor del incienso también soplaba el olor de la pólvora, entre unas y otras provincias, ya fuera en lucha contra los Austrias o bajo su obediencia. Y siempre con el afán de ganarse más y mejor el dinero cotidiano como telón de fondo.

Bien mirado, la recoña de los artistas belgas de hoy habría venido muy bien para rebajar antiguas tensiones. E incluso las más contemporáneas, que también existen, de oeste a este.

Ayer y hoy, como bien nos enseñó Brower antes de ser él mismo una marca de cerveza, ese líquido dorado y dulcemente amargo sigue uniendo a todos aquellos que no están definitivamente perdidos para la causa del (buen) vivir. Entonces y ahora, con el mismo rotundo placer a cada sorbo, a la vera del Escalda.
 


 

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Más información sobre Oudenaarde:

www.flandes.net

Punto de información
Markt , 9700 Oudenaarde Tel.: +32 55 31 72 51
 
 

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