Lleva el puente en el nombre, aunque sobre el río Lima esta villa no extiende uno, sino dos y uno detrás de otro… un detalle sólo para los más atentos. El viajero debe fijarse bien para comprenderlo e incluso acercarse para ver la distinta traza: allí, junto a la ermita, están los arcos romanos; acá, sobre el agua, los medievales. Y a nuestro alrededor, Ponte de Lima en toda su recoleta extension. Sobre eso y más vamos a dibujar estos apuntes entre el teclado y los recuerdos de tantos buenos momentos.

Aquí no conviene olvidarse de nada, porque es imposible hacerlo desde hace al menos dos mil años. Ya lo comprobaron los legionarios que, cansados de guerrear por la Península, acampaban en estas mismas orillas. Con la esperanza de sestear y dejar las conquistas para otros más codiciosos, a las huestes del general Décimo Junio Bruto no se les ocurrió mejor argumento que acordarse de una vieja leyenda y ver en este río el mítico Leteo, ese que atraviesa el Hades hasta desembocar en la Laguna Estigia y que roba todo recuerdo al que lo atraviesa o al que bebe de sus aguas. Bruto no hizo honor en castellano a su nombre y sí a las obligaciones del cargo, por lo que valerosamente cruzó y bebió… abriendo para el Imperio las tierras gallegas, un poco más al norte. 

Tan devotos de la memoria son los limianos de hoy que a las orillas de ese mismo río, que nunca lo fue del olvido, al pie de un hermoso paseo flanqueado de altos plátanos, tiene sitio de honor un grupo escultórico salido de la mano de Salvador Vieira y que recuerda a lo más sentido del folclore local. Del propio Vieira hay más allá otra escultura, dedicada a los campesinos.

Ponte de Lima es hoy una "vila" abierta y cordial. De los antiguos temores al forastero quedan dos torres de la antigua muralla. La de São Paulo nos atrae por su azulejo, que a los que vengan de Oporto puede resultarles algo familiar, no en vano es del mismo autor, Jorge Colaço, como todos los de la estación de São Bento, tan fotografiados. Aquí aprendemos, con el rey Afonso Henriques, que no es juicioso confundir las cabras con los enemigos.

En la otra torre, que fue cárcel de hombres hasta hace apenas unas décadas, atienden con amabilidad al turista que quiere saber y conocer, pues se ha reconvertido en oficina municipal. Quizá no se lo digan, pero la cercana ermita tan sobreelevada tiene su sentido: está a la altura justa para que los reclusos pudieran seguir la misa desde una de las ventanas, piadosos y presos al mismo tiempo. O distraídos, pero reclusos. Es una historia tan bella como el propio entorno. 

Por los mismos años, que es lo mismo que decir algo más de medio siglo, dejó de estar activa la cárcel de mujeres, pared con pared con la de los hombres, en un edificio que en fecha muy reciente ha sido abierto por una empresa privada, arrendado a la Cámara Municipal y reconvertido con tan buen gusto que merece una visita detallada, tanto por lo que hay como por el modo en que lo exponen. Casa da Terra se llama el feliz invento de la empresa Minhofumeiro, bien conocida por sus ahumados y ahora, también, por su ingenio empresarial: ahí esta la bien diseñada tienda a pie de calle, junto a un encantador auditorio en la primera planta, lleno de actividades, presidido por una monumental "araña" de chorizos hechos en papel maché por los presos de dos cárceles de los contornos, en un guiño cordial a los antiguos ocupantes. Entre los de la lámpara y los que presiden el aseo unisex, suman 550 según nos aseguran. Chorizos, digo, que no presos. Con el buen tiempo, que suele ser más que habitual, atienden también en terraza.

El "sarrabulho", orgullo sobre el mantel
Pero si hay que comer, el arroz de sarrabulho (pronuncie sarrabullo, no sea torpe) es en Ponte de Lima la mayor institucion gastronómica que uno puede echarse al coleto. Sin competencia posible, por más que alguna otra localidad se empeñe en lo contrario. Lo celebran, además, con tanta pasión que hasta tienen cofradía.

Es un plato fuerte, para espíritus bien dispuestos, mejor de comida que de cena, para acompañar con alguno de esos vinhaos que taladran el mantel, si gotea, pero que nos encienden el alma. De la cocina sale carne de vaca y de gallina, costillas de cerdo, chorizo casero a discreción… y el arroz, coloreado con la sangre del porco, navega imperial en el puchero con toda la carne que se ha deshilachado al efecto. La otra, la que se presenta en fuente aparte, está presidida por los rojões, la carne de cerdo frita tan popular al sur del Miño. Entre los secretos de cada cocinera van tambien las proporciones de limón, vinagre y cominos. Las medidas que aplica a todo esto la veterana Rosa Martins son, en cualquier caso, para emocionar y emocionarse, sin prisas, en las mesas de su restaurante "Encanada", tan cerca del río como del paraíso culinario, que se atisba en el ir y volver constante de la puerta batiente de la cocina. Y el viajero, claro, supera feliz la prueba.

La "vila" más antigua de Portugal 
Al  curioso le tiene que agradar, no por fuerza sino por placer, la armonía en que los estilos arquitectónicos se funden a lo largo del caserío de Ponte de Lima. Hay románico en la Igreja Matriz, en el Largo da Misericórdia, como hay suntuoso eclecticismo en las casas de los indianos, retornados del Brasil portugués, caso de la Villa Moraes. Entre medias, no faltará un pelouro o picota en dos versiones y en dos ubicaciones  (original y copia, para adivinar cuál es cuál) y una Dona Teresa en estatua, más el bello Museo de los Terceiros… hasta volver a la cárcel, no para entrar en ella, sino para remansarnos en el arco de la Porta Nova que está a su lado, y en el barrio de la Judería, al que da acceso. Si hubiera ocasion, aprovechar para conocer en su interior el Teatro Diogo Bernardes, reinaugurado en 1999, será todo un acierto. Alardean de ser la "vila" más antigua de Portugal y su mayor mérito es, visto con ojos ajenos, encerrar tantas "vila"es hermosas en una sola, con todo a mano.

Por lo demás, ya han pasado trece ediciones del Festival Internacional de Jardines de Ponte de Lima. En este 2018 los ha habido variados, como corresponde, incluyendo el "Passeio da Moura Encantada" o el "Passeio da Mal Degolada", que se inspiraban en añejas historias locales. El ganador del año, por elección popular, junto con los de las ediciones precedentes van quedando para enriquecer el patrimonio "verde" del concejo.

Y sí, no engaña la vista: hay un toro de bronce en el Largo da Picota, erigido en homenaje a la "vaca das cordas", pero es toro, que nadie se engañe. Allí está desde 2008 y parece más encastado que el de Wall Street, aunque sea menos famoso. La tradición de los toros enmaromados nunca fue exclusiva de los pueblos levantinos e incluso llega a las Azores, como bien saben en Terceira.

Recuerdos sobre recuerdos, el Museu do Brinquedo
Para los ojos y para el sentimiento, Ponte de Lima guarda un tesoro inesperado, como inesperado fue que un coleccionista portuense se aviniera a ceder su inmensa colección de juguetes portugueses, hace muy pocos años. La calidad de lo expuesto se suma aquí al acierto de la osada disposicion de salas y vitrinas, con el colofón final del espacio para las exposiciones temporales o el magnífico panorama de monumentos lusos entre trenecitos eléctricos. 

Queda visto y comprobado que el Lima nunca fue el río Leteo, hasta el punto que, junto con el sabio, bien podemos sentenciar que recordar es vivir. También y sobre todo en Ponte de Lima: una "vila" inolvidable en el norte de Portugal.


 


Más información

• De Ponte de Lima:
https://www.cm-pontedelima.pt/

• Del Norte de Portugal
http://www.portoenorte.pt/pt/